Eres el responsable de tu vida


Me decía el otro día un amigo que la vida da tantas vueltas que la persona de quién hoy te ríes, mañana te paga un sueldo…

Y es para pensar ¿verdad? Tantas veces vamos por la vida con esa prepotencia, pensando que hay personas de primera y personas de segunda…  Y lo digo en primera persona porque todos caemos en alguna ocasión… Cuántas veces has pensado que alguien es un friki y luego es friki se convierte en director general (eso tampoco tiene que significar nada) o nos demuestra que tenía mucho por ofrecer al mundo.

Y cuando te pasa a ti, cuánto duele ¿verdad? Que te miren por encima del hombro y te traten como si sólo merecieras migajas… Aunque esas cosas te transforman, al fin y al cabo, todo es un aprendizaje en la vida…

El caso es que tenemos esa tendencia  a pisar o menospreciar al que destaca. Nos encanta arrancar la piel a tiras al que triunfa o creemos que triunfa sin intentar saber el por qué de su éxito ni entenderlo. Juzgamos sin conocer y sentamos cátedra de lo absurdo… Nos llenamos la vida hablando de otros, muchas veces, porque tenemos demasiado miedo de hablar de la nuestra y descubrir que no estamos haciendo nada por cambiarla…

Siempre estamos dispuestos a laminar al que hemos decidido que es el adversario, pero que en realidad es alguien como tú, que está trabajando para salir del marasmo y podría ser un gran aliado…

¿Por qué nos cuesta tanto alegrarnos el éxito ajeno? No tiene sentido… ¿Nos puede la envidia? Pero si no podemos envidiar a otros, ¡cada uno brilla a su modo! Cada persona tiene algo que la hace extraordinaria… ¿No lo ves?

Eres único, no necesitas compararte a nadie ni encontrar enemigos.

Al fin y al cabo, si el que está nuestro lado tiene éxito, eso es maravilloso para nosotros. Lo es, no nos dejemos llevar por la rabia, lo es y mucho. Respiremos hondo y sepamos ver más allá del miedo…

De entrada, porque te alegras por él o por ella. Porque somos personas ¿Hay algo más importante que las personas? Y además, eso implica mucho… Porque significa que es posible, que hay oportunidades, que puedes, que la suerte te ronda porque ya se acerca a quiénes tienes al lado…  ¿Por qué no le preguntas cómo lo ha conseguido? Seguro que está tan contento que comparte contigo la fórmula y tú la aplicas a tu manera, claro…

Y además, ¿no es mejor tener cerca o conocer a personas que tienen éxito? Lo digo porque si te conoce y ve lo bueno que eres (todos lo somos en algo) podrá ayudarte a promocionarte para que tú llegues a dónde ha llegado él en tu ámbito…

¿Por qué pensamos que hay una ratio establecida de casos de éxito y cuando alguien triunfa pensamos que está ocupando nuestro lugar? Hay lugar para todos… Todos podemos brillar, nadie le quita nada a nadie… Ver que otros llegan a sus metas es un estímulo, una oportunidad…

¿Por qué perder esa oportunidad deseándole una plaga bíblica? Además eso no es nada bueno, no es sano, no puede generar buena suerte (si eso existe) de ninguna forma…

La suerte se gana, se construye… Se plasma en un papel con objetivos concretos y se convierte en emoción y pasión.

No sé por qué a veces tengo la sensación de que a algunas personas les molesta ver que los demás son felices… Como si su felicidad supusiera infelicidad para ellos… Como si pudieran cambiar eso poniendo cara de amargura o de asco… Como si evitar la dicha ajena llenara su vida de cosas maravillosas y justo es todo lo contrario.

A veces, nos podemos a la contra. Nos oponemos a todo lo que creemos que nosotros no sabremos hacer o enternder… A cualquier meta a la que creemos que no podremos llegar… Despreciamos lo que nos es ajeno o creemos que nos está vetado, lo que sueñan otros, lo que les hace vibrar, no somos capaces de ver ese mérito y pensamos que si les ignoramos o infravaloramos, dejarán de brillar.

Nos molestan incluso propuestas que no van con nosotros, que no nos afectan y que lo que buscan es más libertad y dignidad para las personas…

Como si evitando que otros sean libres nosotros dejásemos de ser esclavos… Como si la felicidad ajena nos molestara…

Es justo lo contrario… Lo que deseamos para nosotros es para todos… Eso es una sociedad saludable.

Cuando cerramos puertas a otros, no nos damos cuenta pero nos las cerramos a nosotros mismos… Todo está conectado. Todo es una cadena.

No hay día sin noche, ni sol sin lluvia.

Nos vamos pasando un testigo en esta carrera y quién no comparte el suyo, está cortando unas alas que acabarán siendo las alas que necesitará para volar algún día…

Estamos en un cambio de paradigma para todo. Los esquemas de siempre están cambiando y las estructuras rancias se tambalean. Entramos en una era donde se valora el talento y se construyen alianzas. Y para conseguir lazos firmes y compartir no sólo basta con ser bueno en lo tuyo, hace falta la actitud necesaria para ver el brillo en los demás… La humildad del que siempre aprende y se muestra abierto a conocer y aportar. Es este nuevo paradigma no sobra nadie… Nadie que quiera aportar su valor y abrir la mente. Hay que asumir riesgos, es cierto, pero la ventaja es la de ser dueño de tu vida y liderarla…

Somos responsables de lo que deseamos, de lo que hacemos, de lo que decimos… Cada palabra, cada gesto que hacemos, cada pensamiento es una inversión en nosotros y en el mundo, una energía desconocida que pone en marcha una máquina enorme que siempre fabrica lo que tenemos en mente… Sea hermoso o terrible, lo queramos o no, nos asuste o nos libere…

Si pensamos en lo que nos falta, dibuja  agujeros negros que se lo tragan todo…

Si pensamos en pisar a otro, fabrica grandes apisonadoras que un día se nos vendrán encima…

Si pensamos que no llegaremos, que no podemos, construye muros y cierra puertas.

Aunque, también construye puentes, amistades que te tienden la mano, oportunidades, soluciones…

Lo que deseamos, allí donde ponemos la intención, ponemos nuestra energía… Cuando sabemos qué queremos y nos fijamos en nosotros y no en lo que nos disgusta de los demás, somos capaces de construir nuestro destino…

Hemos venido a crear cosas hermosas, a compartir… No necesitamos competir con nadie porque todos jugamos en nuestra propia categoría y llegamos a nuestro propio podio.

La máquina de hacer realidad pensamientos y deseos siempre está en marcha, funciona Full Time. No para de generar, de crear nuevas realidades a cada segundo… La llevamos incorporada y somos nosotros quiénes decidimos si la ponemos a trabajar a nuestro favor o en contra… Si va a ayudarnos a seguir nuestro plan de objetivos o va a sabotearlo…

Si pierdes el tiempo en desear lo que otro tiene con pensamientos tristes y amargos de envidia o si te concentras y enfocas en tus deseos…

Tú eres el responsable. Lo sé, es mucha presión, tanto poder sobre tu vida asusta y abruma…Lo que decides ser y hacer con tu vida marca cada minuto que vives, tanto si escoges hacerlo a conciencia como si decides seguir sin asumir tu responsabilidad, esto no parará…  Lo asumas o no, lo aceptes o no, la maquina está siempre funcionando…

Eres tú quién decide si aprende a usarla. Eres tú quién toma la decisión de si usa el poder que tiene o lo desperdicia mirado para otro lado y buscando culpas ajenas.

Así que la próxima vez que veas a alguien celebrando un logro, no te quepa duda, únete a su fiesta y alégrate como si fuera por ti… El resultado es grandioso…

Apuesta por ti


No comunicas quién eres. Comunicas quién crees que eres.

Cuando hablas, cuando te mueves, cuando te acercas a los demás para conectar, transmites todos  y cada uno de tus complejos. Regalas un mapa con tus miedos… En tu cara se quedan esculpidas tus penas, tus momentos de enfado, tus instantes de agobio, tu rictus de cansancio y de dolor… En tu gesto encogido se nota que no crees que seas alguien grande, que aspiras a poco porque no te consideras merecedor de más…

Las corazas que te pones para evitar miradas ajenas te alejan del mundo. Ta aíslan de tu objetivo de conectar y comprender y ser comprendido, te hacen parecer más arisco y orgulloso, más huraño e insensible… Los muros que te salvan de las miradas de otros, te dejan solo y evitan que conozcas otras realidades y te mezcles con ellas… Y cuando andas se nota que llevas dentro esa soledad, que estudias cada paso pero no sirve de nada…

Si crees que eres torpe, tus manos, tus pies, tus gestos muestran esa supuesta torpeza.

Si te sientes insignificante, todo tu cuerpo va diciendo que no eres nada, no eres nadie… Pasas desapercibido, te encierras en ti mismo y nadie te ve… Buscas los rincones sin pensar. Bajas la voz, bajas la cabeza, regalas tu dignidad a pedazos… Te conviertes en el hombre invisible porque suplicas mil veces cada día que nadie te mire ni se fije en ti.

Si sientes que no eres hermosa, transmites fealdad. No brillan tus ojos, no te sale la sonrisa que tan bien te queda y te mueves como alguien que se esconde de los demás sin esperanza… Las miradas sin esperanza dejan a quién las mira  vacío por dentro, angustiado, triste… Dan tantas ganas de huir que repelen, acobardan…

Los demás no verán en ti nada que no sientas que eres… Y tú les mirarás y verás lo mismo que hay en ti, porque no podemos ver más allá de nuestros límites (lo que nosotros nos hemos impuesto). No ves lo que no eres, lo que no sientes que eres… Y la belleza que te rodea se te escapa.

Si no te ves, nadie te verá.

Si no te sueñas, nadie te soñará.

Si no crees que mereces ese puesto, nadie creerá que lo merezcas.

Si no te sientes, no te sienten.

Si no muestras lo que realmente eres, no existirás ante el mundo… Y todo ese maravilloso potencial que almacenas y esperas mostrar cuando todo sea perfecto nunca se usará.

La gente ve en ti lo que tú les dices que eres con tu mirada. Con tus ojos cansados o tristes o derrotados o rabiosos… Con tus manos apretadas en forma de puños y tus brazos cruzados para que nadie tenga duda de que estás en pie de guerra y marcas territorio… Con tu tus pies nerviosos, con tu caminar perdido, con tu cuerpo inclinado hacia el suelo… Lo que crees que hay en ti, te guste o no, sea real o fruto de tu angustia por no ser perfecto, es lo que llega a los demás…

Conoce quién eres y comunicarás quién eres.

Apuesta por ti y sabrán que eres la mejor apuesta.

Siente tu poder y todos te tratarán como alguien que tiene ese poder.

Asume que mereces lo mejor y tendrás la cara que tienen las personas que consiguen lo mejor.

Si aspiras a lo grande, múestrate grande. Aumenta de tamaño, expande tu forma y tu brillo.

Levanta la cabeza, mira a los ojos y mantén la mirada, no te arrugues… Hay un hilo que te une al cielo y te hace estar erguido y relajado, nótalo y deja que te lleve sin dejar de fluir… Sé grande y reconoce la grandeza en los demás… Que vean que eres tan humilde como enorme, que a tu lado se sientan enormes y capaces de todo…

Escucha y sueña.

Visualízate siendo quién sueñas.

Nota que eres quién sueñas y vive ese momento con tantas ganas que ya esté hecho.

Conoce tus límites y empújalos cada día un poco más allá. Y cuando mires atrás los veas borrados y superados.

Con los pies en el suelo y la imaginación tocando el cielo.

Confía en ti para que al verte sepan que se puede confiar.

Siéntete libre pera que a tu lado se sientan libres.

Ámate para que sepan que no podrán vulnerar tu dignidad… Nunca lo intentan con los que se aman a sí mismos de verdad.

Decide quién eres y muestra tu valor. Deja de esconderte en una versión de ti mediocre que sólo aspira a no brillar para no molestar, a no dar la nota, a no vivir pasándose de largo.

Sé tú por encima de sus posibilidades. Arriésgate a caer, a hacer lo que ellos consideran el ridículo, a equivocarte y asumir… Arriésgate a mostrar lo que llevas toda la vida ocultando. Hay muchas personas que lo necesitan y lo agradecerán…

No te quedes corto mostrando tu talento porque eso recorta tu vida.

Lo que ven en ti es lo que tú has decidido ser… ¿Eres realmente tú o es sólo una copia asustada? ¿Has llegado a tu máximo esplendor o estás esperando a que todo sea perfecto?

Es justo ahora el momento. Saca de dentro todo ese valor oculto que no te atreves a mostrar porque sientes que no es perfecto… No temas, nuestras imperfecciones son maravillosas y nos hace únicos… Alguien necesita lo que escondes en ti para crecer.

El éxito es de quién asume que no importa fracasar.

Apuesta ahora por tu mejor opción. Apuesta por ti.

 

Dibujar mapas o esnifar sueños


Hay una diferencia muy importante entre las personas que consiguen lo que sueñan y las que no, el compromiso.

No hablo sólo de comprometerse con el mundo y aceptar su misión en la vida para poner su talento a disposición de los demás… Hablo de un compromiso real contigo mismo. De coherencia en estado puro al cien por cien, cada día, a cada momento. De asumir ser esa persona que eres en realidad y llevar eso hasta las últimas consecuencias. De vivir en consonancia con lo que eres y lo que puedes llegar a ser y aceptar las pruebas que eso supone y las renuncias necesarias a lo que te aleja de tu esencia…

Hablo de dejar dogmas caducos y cerrar puertas a formas de vivir que te hacen pequeño. De responsabilizarse de tus días y dar saltos que asustan pero que liberan… Hablo de abrazar la incertidumbre y aceptar siempre lo que viene como el peldaño valioso de una escalera que lleva a tu cima personal…

Soñar es maravilloso. Es la energía que te ayuda a seguir y te moviliza por dentro, lo que te saca de la modorra del sofá y te ayuda a salir ahí a fuera, aunque haga frío. Tus sueños son a menudo lo que te separa de caer asqueado en la rutina de un trabajo que no te llena sino que te va vaciando de entusiasmo y ganas de vivir. Los que sueñan están más vivos que los que sólo transitan por la vida esperando a que algo caiga del cielo y les alumbre para seguir andando.  Sin embargo, soñar se convierte a veces en una ampliación de nuestra zona de confort. Un espacio que nos permite observar en realidad virtual cómo sería la vida si nos atreviéramos pero sin tener que apretar el acelerador… Toda la emoción pero sin riesgo… ¿Eres un observador? ¿Buscas la comodidad o quieres decidir sobre tu vida?

He conocido muchas personas adictas a sus sueños que se han convertido en verdaderos yonkis de sus sueños. Los esnifan pero los dejan para luego, siempre. Viven en un limbo ficticio en el que no son lo que son ni lo que pueden llegar a ser…  Sueñan para poder arrastrarse cada día, pero viven embalsamados en sus propios deseos. Soñar genera tanta adrenalina como correr o bailar, pero necesita que te muevas, que actúes, que diseñes un plan.

Nadie triunfa si no convierte sus éxitos en objetivos. Si no se sienta a hacer una lista de sus metas y define un mapa con la ruta para conseguirlas.

¿Sabes cómo? ¿Eres de los que dibujan mapas o de los que esnifan sueños?

Si estás en el primer grupo, te felicito. Soñar nos transforma por dentro si somos capaces de darnos cuenta de que esa energía que nos regala el puro acto de imaginar y visualizar lo que queremos debemos usarla para crear y trabajar.

Manos a la obra.

¿Ya sabes lo qué quieres? No hablo sólo de decidir ser escritor, poeta, bombero o coach… Hablo del tipo de persona que consigue lo que tú quieres. ¿Ya lo eres? ¿Eres capaz de describirla? ¿qué capacidades tiene? ¿cómo se comunica?

¿Cómo es esa persona? ¿cómo camina? ¿qué lee? ¿Cómo habla? ¿Qué te dicen sus ojos cuando mira?¿A quién sigue en las redes sociales? ¿Cómo piensa? ¿Qué laemueve? ¿A qué huele? Si te la encontraras, ¿qué le preguntarías?

No hablo de vender tu esencia sino de encontrar en ti mismo lo que hace que traspires como la persona que consigue lo que tú sueñas… Rebuscar en ti para mirar a tu talento a la cara y sacarle partido.

Analicémoslo por partes… Sé sincero contigo, es muy importante…

¿Tu sueño va contigo? ¿Eres capaz de comprometerte a hacer lo necesario para llegar a él? ¿Estás enamorado de tus proyectos? ¿Te alucina imaginar que se hacen reales? ¿Los visualizas? ¿Los sientes?

No me refiero a venderte ni traicionarte sino a ser capaz de cambiar en ti todo aquello que te impide conseguirlo, todo aquello que es una barrera que tú mismo has construido para evitarte el éxito sin saberlo…
¿Ya sabes por qué hasta ahora no lo has decidido? ¿Qué te retiene para no actuar? ¿A qué esperas? ¿Qué te asusta?

Seamos directos… ¿Vas a ser capaz de afrontar tus miedos para realmente dedicarte a lo que te gusta?

Hazte muchas preguntas, muchas, cuántas más mejor. Y a poder ser, hazte aquellas preguntas impertinentes que te pongan más nervioso y no quieras contestar porque te escuecen, porque te duelen…

Yo te ayudo con la más dura, tal vez… ¿Por qué has estado tanto tiempo esnifando sueños? ¿A qué temías enfrentarte?

Si eres capaz de responder sinceramente, ya sabes a qué te enfrentas y lo primero que debes hacer. Llevarle la contraria a esa necesidad de postergar tus deseos. Detectar lo que te da asusta y dirigirte a ello sin demora, a pecho descubierto, sin trampas ni escudos, sin refugios posibles donde ocultarse cuando las cosas se pongan feas…

Decide quién quieres ser y busca en ti las herramientas para serlo. Están ahí todas, eres tú, en sin filtros ni escudos.

Es cómo tú. Tiene tus ojos y mira como tú mirarías si estuvieras convencido de que puedes… Camina como tú cuando confías en ti mismo… Tiene tu talento pero sabe cómo ponerlo al servicio de los demás para que crezca. Eres tú después de que las ganas por alcanzar tu sueño te transforma y haga crecer, eres tú con toda tu capacidad de enamorar al mundo.

Esa persona eres tú cuando superas tus miedos. Cuando le preguntas, te dice que también hubo un tiempo en el que estaba muy asustado pero que un día tuvo que elegir… Siempre hay un día en que se debe tomar una gran decisión, dejarse llevar por el miedo o por el sueño… Y esa persona, escoge vida, escoge brillo, escoge dar el paso aunque le llamen loco.

Y cuando das ese paso, dejas todas las emociones ya exploradas que ya no te sirven de lado, porque ya no necesitas regodearte en la pena,  pedir compasión por nada, ni ser una víctima de ninguna circunstancia. Porque tu vida la diriges tú y ya no eres yonki de tu propia desidia ni estás atado a tus quejas.

Todo eso puede suceder ahora.  Ya tienes lo que necesitas. Lo que buscas para triunfar está en ti.

Dibuja tu mapa y encuentra ese lugar donde puedes llegar a adquirir tu tamaño real. Acepta quién eres y toma el poder de tu vida.

Comunicación e inteligencia emocional


Comunicar es saber gestionar emociones. Las tuyas y las de las personas a quién te diriges.

No concibo la comunicación sin usar los recursos de nuestra inteligencia emocional. Sin que en el acto de establecer contacto con otras personas cuenten los sentimientos y las capacidades adquiridas de gestionar nuestras emociones y aprender de ellas.

Cuánto más evolucionamos, mejor comunicamos.

Un buen comunicador es esa persona que se conoce a sí mismo y es capaz de aportar algo diferente cada vez que se dirige a los demás. El que añade un plus que otros no añaden porque no teme mostrarse y desnudarse un poco ante los demás.

La comunicación es un acto de desnudez absoluta. Desnudez de verdad, de todo lo que está bajo la piel y forma parte de tu esencia. Mostrar tus valores, tus creencias… Dejar que otros sepan que tienes miedo y que te equivocas y que no pasa nada porque eso forma parte de tu evolución.

No buscamos comunicadores perfectos, buscamos seres humanos que nos tiendan la mano con sus palabras y nos animen a seguir.

Un buen comunicador motiva y entusiasma a su público para que salga de la sala hambriento de saber más, para que se compre un libro sobre el tema y asista a otra charla, a otro curso, para que investigue más sobre él mismo y sobre el mundo que acaba de conocer.

Un buen comunicador es el que te hace creer que tú también puedes.

Los datos están en los libros. Las personas escuchan a las personas porque buscan complicidad, emoción, porque quieren conocer historias jamás contadas y aprender algo más.

Comunicar es escuchar. El que sabe escuchar tiene ventaja. Es algo que se nota, se transpira, se palpa y hace que los demás se sientan cómodos y valorados… Si escuchas a alguien le estás diciendo que te importa.  Si las personas se sienten importantes para ti, te conviertes en alguien importante para ellos… Eso es vital para compartir experiencias y crecer, para aprender de los demás,  y abre puertas a todos los niveles… Con los amigos, con los compañeros, con el equipo de personas que depende de ti, con el reclutador que está entrevistándote para acceder a un puesto de trabajo que quieres ocupar. Sea de lo que sea… En todos los trabajos se comunica y es lo que marca la diferencia, lo que supone ir a una y ser eficaces… Lo que lleva a la excelencia…

Nada comunica tanto como ser capaz de entender a los demás y hacer que sientan cercanía. La empatía es una arma poderosa que se ejercita escuchando. Parece fácil pero muchas personas no saben escuchar.  Se limitan a esperar turno para hablar (si no interrumpen antes) y mientras el otro habla están pensando qué dirán, cómo tomarán el protagonismo de la conversación y destacarán por encima de los demás… Lo hemos hecho todos alguna vez, el problema surge cuando lo hacemos siempre… Y lo hacemos porque necesitamos demostrar a los demás que valemos, que somos geniales… Destacar por algo, por logros o como hacen algunos por penalidades…

¿Cuántas veces te ha contado alguien que le acaba de pasar algo terrible y te has limitado a esperar a que callara para hablar de ti? Le has contado tus problemas, la última vez que te pasó algo parecido, tu parto, la operación de corazón de tu padre o lo mal que te tratan en el trabajo a pesar de lo bueno que eres tú…

La respuesta no era esa…  La respuesta era “lo siento, estoy aquí para lo que necesites”. Y nada de mirarle mientras habla con ojos de “ ¿Y a mí cuándo me toca que necesito demostrarte que mi  vida también es un asco?”.

Comunicar es respetar y respetarte. Ceder y soltar. Aceptar que hay un tiempo para hablar y otro para recibir las palabras de otros. Aprender a esperar.

Tenemos que aprender a escuchar. Con la mirada. Con el gesto. Con las manos. Con el corazón… Sabemos poco de cómo habla nuestro cuerpo y lo usamos mal… Vale la pena aprender cómo funcionamos para convertirnos en nuestros aliados… Es un trabajo en uno mismo que nos permite ahondar en nosotros para conocernos y reconocer a los demás. Cuando modificamos nuestro lenguaje corporal, también incidimos en nuestro estado de ánimo y en la forma en que nos ven los demás. Si descubrimos cómo nos movemos y qué comunican nuestros gestos, eso nos da poder sobre nuestra vida y nos ayuda a entender a los demás.

Aprender a comunicar es una buena manera de aprender a conocerse y descubrir cómo conectar con las personas que nos rodean… Dando algo de ti mismo sin que el protagonista seas siempre tú.

Me lo preguntaron hace poco, qué tiene un gran comunicador de especial, un líder, una persona carismática… Un líder es alguien que hace protagonistas a los demás. Se conoce tanto, se acepta tanto que no necesita demostrar, porque ya es lo que muestra.

Gestiona sus emociones, se toma su tiempo, escucha, sabe calmar con la mirada, sabe ser cercano sin imponerse…  Alguien que sabe quién es y qué quiere y sabe que no lo conseguirá mintiendo ni imponiéndose sino escuchando y compartiendo.

Comunicar es compartir, compartirse a uno mismo sin ser el foco de la atención. Con toda la humildad que eso requiere y toda la grandeza que eso conlleva.

Comunicar es usar las palabras adecuadas para transmitir emociones e ideas. Para contagiar ilusión y abrir puertas.

Para llegar a comunicar es imprescindible confiar en uno mismo. Saber qué dices y  amar tu mensaje. Sentir que vibras con lo que cuentas y que las personas que te escuchan y miran también vibran.

Ser útil y compartir valor.

Ser fácil de entender,  porque lo bueno es siempre sencillo, cercano, amable.

Comunicar es servir de ejemplo, de guía, de camino.

Comunicar es acompañar y hacer participar a los demás. Construir puentes con tus palabras, fabricar alternativas, dibujar nuevas oportunidades…

 

Y tú ¿Qué aportas?


Te digan lo que te digan, no se trata de conseguir más seguidores, se trata de conectar. Es maravilloso que te sigan muchas personas, pero no sirve de nada si no te aportan y no les aportas.

Conseguir muchos “me gusta” en cada post es bueno, pero lo que realmente importa es dejar huella, conseguir que tu mensaje les acompañe y les sirva para algo, que cuando encuentren tus vídeos, tus textos, tus reflexiones en las redes, generes una sonrisa y un reflexión… Que piensen “voy a ver lo que comenta, porque esta persona siempre me hace sentir bien, siempre cuenta algo que me interesa, que me va ayudar a seguir, que me permitirá mejorar mi ánimo, que me recordará que tengo mucho que ofrecer o que sencillamente me ofrecerá un punto de vista distinto que puedo o no compartir”. Contrastar opiniones es genial para estimular la creatividad, muchas veces nos movemos en circuitos cerrados y nos ratificamos a cada momento en nuestras opiniones mirando sólo una parte de la realidad, la que nos es más cercana o no refuta nuestras creencias. Y no hay que temer hacerlo, porque si realmente son sólidas, resistirán. Y siempre podemos encontrar matices o nuevos caminos por los que investigar y crecer.

Por eso, es importante decidir qué aportas ¿Lo sabes? Antes de plantearte si estás genial en esa foto, si se te ven las arrugas, si hoy se te ha ocurrido esa frase ingeniosa con la que piensas impactar (no digo que no tenga que tenerse en cuenta)… No se impacta dejando claro que eres él/la mejor, se impacta diciendo algo que cambia la perspectiva, que abre la mente, que dice algo nuevo, que recuerda algo imprescindible o que quiere poner una reflexión en el aire desde la humildad… Y con la misma humildad de saber que no estás por encima de nadie, que estás a su lado, que te superas a ti mismo…

Los que más aportan son aquellos que a pesar de crecer y triunfar nunca dejan de tener presentes a las personas. Los que siguen planteándose retos, los que son capaces de mirar más allá de su nariz y pensar cómo servir mejor, cómo aportar más, cómo salir un poco más de la burbuja que nos rodea y encontrar nuevas fórmulas…

No se trata de llegar muy alto y mirar a los demás como si fueran lentejas, se trata de llegar lejos y dejar migas de pan para que otros sigan tu camino, si lo necesitan o aprendan algo para construir el suyo, que será mejor, sin duda. Y de lo que tú también podrás aprender.

No se trata de sentar cátedra ni ser el modelo de nada… Se trata de ser un referente … En ganas de aprender. Ir por ahí con hambre de conocer y equivocarse. Mezclarse con otras formas de ver y mantener tu centro…

Quiénes se conocen de verdad no tienen miedo de que nadie ni nada les zarandee. Es más, siempre están dispuestos a replanteárselo todo menos su esencia para renovarse y reinventarse de forma constante… Hay mucho por aprender y se aprende de todos, no hay excepción. Cada persona que se acerca a ti supone un reto. 

Se trata de contactar, no para pedir favores sino para ofrecer talento. Para dejar claro qué te mueve, cuál es tu misión y hasta dónde estás dispuesto a arriesgar para cambiar un poco tu parcela de mundo… Que tienes la actitud necesaria para saber cuándo ponerte delante y cuándo saber que vas detrás.

No se trata de mostrar méritos aunque supongo que eso es una consecuencia de aportar. Se trata de dar a conocer tus sueños, de compartir tu camino y compartir tus inquietudes. Hay espacio para todos, difundir ideas y ayudar a otros no hará que pierdas tu espacio (nada es eterno ni propiedad de nadie), todo lo contrario, reforzará tu capacidad de guiar y liderar.

Tu marca es tu evolución, no tu máscara.

No enamorarán tus intereses sino tus pasiones…

No te preocupes por qué vas a conseguir, piensa en qué puedes aportar.

La pasión es el combustible del éxito. Úsala cada día porque no se acaba si la alimentas con tu esencia.

El éxito es tu propia coherencia, tu equilibrio, tus ganas de ser tú mismo hasta las últimas consecuencias…

¿Brillamos?


No hay nada que te ayude a aprender más a comunicarte que llevar un programa de radio durante años. La radio tiene ese magia que te permite contagiar con la voz e imaginar. Yo pasé algunas temporadas ante el micrófono en informativos y moderando tertulias. En el estudio, como a muchos compañeros, me pasó de todo… Improvisar y cometer muchos errores es una gran escuela para convertirse en lo que yo llamo un comunicador.

Hay personas que leen o explican y hay personas que comunican. Comunicar es traspasar barreras y llegar a los demás, emocionar y motivar.

Podría hacer una lista de lo que considero son los atributos de un buen comunicador pero seguro que muchos de los que leéis esto me citaríais los nombres de muchas personas con talento que son grandes oradores que no cumplen con esos requisitos.

Un gran comunicador no es el que tiene un gran aspecto. No es el que no se equivoca al hablar. No es el que se mueve mucho ni poco. No es el que se pone en la postura correcta… Para comunicar hay que sentir lo que dices y confiar en ti mismo. Hay que entusiasmarse y contagiar ese entusiasmo… Ser honesto y mostrar tu verdad.

¿Es innato? ¿se puede aprender?

A comunicar se aprende porque en la vida se aprende de uno mismo, a conocerse las fortalezas y las debilidades y ponerlas a trabajar para ti. ¿o a caso no aprendemos sobre la vida y evolucionamos como personas? Pues va en paralelo.  Por ello, aprender a comunicar es aprender a ser más tú mismo, sacar tu esencia de dentro y perder esos miedos absurdos, aún más, usarlos para crecer como comunicadores y como personas.

Comunicar es sacarse la coraza y brillar. Y eso, lo podemos conseguir todos.

Lo conseguí yo, que en la escuela estaba el última fila, titubeaba y me escondía, moría de vergüenza y siempre me sentía ridícula… Y acabé presentando un programa diario en directo en televisión, moderando debates con personas destacadas de la  actualidad política y grandes oradores… Y ¿sabéis qué? Funcionaba porque me saqué la coraza y disfruté mucho.

Tú también puedes disfrutar, fluir, dejarte llevar. Cuando lo consigues, conectas con tu público, sea quién sea, y te conviertes en un buen comunicador.