Quién soy


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Siempre estoy en ese lado de la vida donde pasan cosas, aunque asuste…

No recuerdo un solo momento de mi vida en el que no haya estado fascinada por las palabras… Desde que era diminuta que me sentía atraída por la posibilidad de contar historias, me parecía algo mágico, una forma de cambiar el mundo desde mi cuaderno de garabatos.

Con la esperanza de poder vivir usando palabras, me dediqué al periodismo, aunque la mayoría de historias que he contado como periodista no tenían mucha magia. He trabajado en la radio, la televisión y he colaborado en algunos periódicos. He disfrutado mucho en esa parte de mi carrera profesional, el periodismo es un ejercicio fantástico que te tiene en permanente estado de alerta y con la adrenalina al máximo nivel siempre. Así he pasado diecisiete años… Explicando noticias y moderando tertulias políticas… Hasta darme cuenta de que necesitaba ir un poco más allá y ayudar a las personas a usar las palabras. Creo que dejé de ser un poco esa periodista apasionada el día en que me dí cuenta de que lo importante en mi vida pasaba dentro y no fuera y que el mundo no se cambia juzgándolo sino cambiando tú…
Me apasiona la comunicación, en todos los sentidos… Me hace feliz ayudar a las personas a mejorar su capacidad de comunicarse con el mundo y con ellos mismos. Me gusta pensar que las palabras tienen poder cuando sabemos usarlas, en el momento adecuado… Que curan, que son el antídoto contra la incomprensión y la soledad, que mueven conciencias y sueltan amarras. Que te ayudan a dejar el lastre que arrastras y te mantienen cosido a ti mismo para no perderte. Saber comunicarse marca la diferencia, siempre…No solo en la vida personal sino también en el ámbito profesional. Por muchas ganas que tengamos de aportar valor, promocionarnos y mostrar nuestro talento, si no somos capaces de comunicarnos, es como si no existiera.
Soy impaciente, lo reconozco, en ello trabajo cada día para aprender a esperar un poco… Estoy convenida de que la paciencia es una de las claves de la confianza. Tengo tendencia a ilusionarme sin límites, aunque supongo que por ello me he acostumbrado también a sobrellevar las decepciones y sacarles una lección. La ilusión es un magnífico combustible.
Sueño mucho y mis sueños son enormes, gigantes, cada día más. Pienso demasiado, en ocasiones tengo la sensación de tener una noria en mi cabeza que no para de girar e imaginar. Mi alma es un poco guerrera y no calla nunca, siempre está embarcada en alguna aventura. Aunque he descubierto que las aventuras también se planifican y que los sueños se deben convertir en objetivos.Por eso tengo la agenda repleta de retos. Estoy en un momento de mi vida en que valoro más sentir que pensar y he descubierto que las decisiones se toman también sintiéndolas.

Me gustan las personas y los diccionarios. Siempre he pasado horas buscando palabras nuevas… Siempre me gusta conocer personas nuevas… ¿Hay algo más que las personas? son lo único…

Vivo al lado del mar y adoro contemplarlo porque siempre creo que traerá a algo o a alguien a mi arena que me va a cambiar la vida. El mar es hipnótico, me calma, me sacia de vida y me ayuda a conectar con todo…

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Me gusta caminar y perderme en los mercados, olisquear la fruta y dejarme llevar por el marasmo de colores y sonidos. Me gustan la lluvia intensa que lo impregna todo de vida y el sol todopoderoso que se filtra siempre por todas partes… Adoro el otoño por su belleza sosegada y la primavera por todo lo contrario…

Estoy segura de que los árboles saben todo aquello que nosotros ignoramos…

A veces, algunas canciones me transportan a un mundo en el que no hay límites.
El día que fui capaz de ponerles nombre a mis miedos, empecé a mirarles a la cara y a desafiarlos… La imprudencia me ha convertido en superviviente. Sin un poco de riesgo y un poco de frío, nunca se llega a la meta.
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La aventura más apasionante de mi vida es la de ser madre, mi gran escuela de aprendizaje. Lo más complicado y hermoso que me ha pasado nunca. Lo que, sin duda, me ha hecho mejor persona.

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Adoro mis cicatrices porque hablan de mis batallas...

Hace un tiempo descubrí que en la vida hay que asumir el riesgo de sentir y de perder para poder ganar y ser uno mismo. Que las oportunidades a veces te llegan en forma de problemas y que hay que saber sacarles punta para encontrar la moraleja y llevar ventaja…

He caído mil veces y no me arrepiento de ninguna. Amo mis errores porque de ellos he aprendido a seguir y a caminar. Y adoro mis cicatrices porque cuentan como gané mis batallas…

Por eso, siempre camino un poco en la cuerda floja, en ese lado de la vida donde todo es más complicado e intenso, pero cuando alargas el brazo, tocas imposibles.

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Siempre en ese lado de la vida donde pasan cosas, aunque algunos te miren raro y te llamen loca, ellos no habitan tus días…

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