A veces, sobran las palabras…


Si no sabes escuchar, no sabes seducir

Uno de los aspectos más relevantes para conectar con otras personas y empatizar con ellas es aprender a escuchar. Aunque parezca una contradicción, para seducir hay que ceder protagonismo. Nos acostumbran siempre a querer ser nosotros los protagonistas de todo, para pasarnos la vida demostrando cuánto valemos y lo maravillosos que somos… Eso nos hace creer que para enamorar, seducir, conectar con otros personas a nivel personal o profesional, es necesario mostrarles nuestros méritos y nuestras credenciales,  deslumbrarles, dejarles sin casi aliento mostrando todas nuestras plumas como si fuéramos un pavo real… Y nada más lejos de la realidad, para enamorar, basta con ser uno mismo y permitir que el otro se sienta cómodo con nosotros. Dejarle espacio para que sepa que nos interesa y nos importa. Dejar que se exprese y muestre también qué tiene dentro, cuáles son sus valores y su talento… Que sepa que lo que puede aportar nos interesa y no le vemos como un mero receptáculo de nuestras ansiedades, nuestras ganas de vanagloria y de que nos diga los maravillosos que somos.

Cuando nos acercamos a alguien buscando el piropo, es como si le dijéramos que no esperamos nada de él, que a nuestro lado es insignificamente… Y la forma de mostrar interés es sencilla, escuchar. Tanto si queremos usar nuestro carisma para convertirnos en el líder del equipo que dirigimos como si queremos usar nuestras dotes para la vida privada, para seducir es imprescindible escuchar. Callar y alternar tu silencio con las palabras adecuadas es un arte maravilloso. El silencio es un gran aliado de los seductores porque permite escuchar y ceder protagonismo. Para conectar con las personas tenemos que hacerlas sentir también protagonistas, que nos importan y que ellas también pueden seducirnos a nosotros. No podemos empatizar si el otro no se siente correspondido, si no nota que es tan capaz de enamorarnos como nosotros a él. Las personas necesitan saber que son especiales para nosotros… 

¿Has notado que hay personas que cuando estás hablando siempre te interrumpen? Esas personas que no te escuchan porque están ocupadas pensando qué van a decir. Siempre se hace evidente en sus caras, porque cuando no escuchamos no “ponemos la cara de escuchar” y el otro tiene claro que estamos dejándolo solo.  O esas personas que cuando les estás contando algo importante no te miran a los ojos sino a que miran el móvil o están con la mirada fija en la puerta como si quisieran marcharse…

Escucha activa

Así se llama, escucha activa y significa básicamente que debemos aprender a escuchar.   A estas alturas algo que parece tan básico y no sabemos hacerlo. Tal vez porque llevamos dentro tanto ruido interior que necesitamos soltarlo… No hablo de escuchar con los oídos, eso también, me refiero a escuchar con todo el cuerpo. Porque se escucha sobre todo con los ojos, manteniendo la mirada y estando atentos los movimientos de esa persona… Notando qué siente además de entiendo qué dice… Sintiendo cómo respira y adaptándonos a su ritmo… Me refiero a saber orientar nuestra postura hacia esa persona y asentir con la cabeza cuando habla para que sepa que estamos ahí y comprendemos, aunque no necesariamente tengamos que opinar lo mismo o estar de acuerdo… Hablo de ser capaces de interiorizar lo que dice y parafrasearle cuando termine su explicación… No se trata sólo de hacerlo sino de saber de mostrarlo. Escuchar no como algo que hacemos en un momento concreto porque nos interesa convencer, sino como la forma habitual de relacionarnos con los demás.

Escuchar es una actitud en la vida, una forma de vivir y relacionarnos con los demás… Una actitud que nos lleva a valorar a las personas y no dejar escapar oportunidades para aprender… No hay conversador pequeño porque a veces, la vida pone en boca de las personas que menos te imaginas algunas grandes verdades que te interesa escuchar. Tal vez, en ocasiones, porque cuentan su experiencia, alejada de la tuya y te aportan un testimonio valioso. Otras veces porque justo dicen lo contrario de lo que tú opinas y es algo que debe llegar a ti para que aprendas una lección… Puede que para que cambies de rumbo o para que te des cuenta de que ibas por el camino correcto, pero lo hagas con más confianza… Mostrar seguridad, serenidad y confianza en uno mismo no pasa por avasallar a los demás y no dejarles hablar… No hace falta acaparar la conversación ni tener siempre una anécdota que contar… Hay que respetar el tiempo del otro para que sepa que no sólo queremos “enamorarle” sino que esperamos que también nos “enamore”.

Los grandes líderes escuchan y aprenden de los demás. Valoran su experiencia y sus palabras. Ceden protagonismo y aplauden a otros, reconocen sus méritos… Si no paramos de hablar de nosotros, quién nos escucha desconectará porque se dará cuenta de que nunca vamos a ser capaces de ver su valor porque estamos sumergidos en nosotros mismos. No necesitamos demostrar nada, si somos nosotros mismos y permitimos que otros sean, todo fluye. Escuchar es valorar a los demás y darles confianza. Decirles que están a tu altura y que puedes aprender de ellos… Hacer que sepan que son personas valiosas…  No necesitamos deslumbrar sino alumbrar y permitir que otros también nos aporten luz para aprender… Si solo te escuchas a ti mismo, te pierdes pistas para conocer otros mundos que están ante ti y que no puedes ver. Como si fueras una estatua que a la que todo el mundo ve y admira al pasar pero nadie conoce y abraza. Si no escuchas estás solo. No hablo de esa soledad maravillosa en la que te sientes bien contigo y conectas con tu ser de verdad, hablo de la soledad del que en realidad no sabe quién es. 

No esperes siempre atraer a los demás. Deja que te seduzcan y te aporten. Suelta la necesidad de estar siempre demostrando lo que vales, porque cuando estás seguro de ti mismo, sencillamente eres tú. 

No te hace falta mostrar a los demás lo hermosas que son tus alas, sólo tienes que volar.

A veces, sobran las palabras y el silencio te permite encontrar la forma de compartir y crecer.

 

 

 

Anuncios

2 thoughts on “A veces, sobran las palabras…

Los comentarios están cerrados.