¡Quiero ser carismático!


¿Te consideras una persona carismática? ¿Eres una de esas personas que dejan huella cuando pasan por un lugar?

Cuando somos niños nos han educan para pasar desapercibidos y hacer de camaleones. Esa es la mejor forma de no parecer distintos ni irritar a nadie que no sepa encajar las diferencias. Y nos pasamos la infancia mimetizándonos con el paisaje y al llegar a adultos descubrimos que los que triunfan no son camaleones sino esas personas que han decidido ser realmente como son y mostrarse al mundo a través de su talento.

Y justo en ese momento, nos damos cuenta de que no tenemos nada especial (no es cierto, todos somos únicos)… Tanto sofocar nuestras ganas de hacer locuras han dado su fruto. Por si fuera poco, se ocuparon nuestros padres de tenernos ocupadísimos y no dejar que nos aburriéramos, que era lo que nos hacía falta para estimular nuestra creatividad y decidir inventar algo nuevo… Sabemos hacer muchas cosas pero en ninguna destacamos. Nos falta pasión porque el entusiasmo siempre llega después de saber quién eres y casi no lo sabemos porque hemos cometido pocos errores viviendo en la burbuja. Nos hemos puesto tantos filtros para gustar que ya no recordamos cómo somos en realidad o ni tan solo hemos desarrollado nuestras propias rarezas, tan necesarias para descubrir nuestro talento.

No nos conocemos y no confiamos en nuestras capacidades, porque para poder confiar tendríamos que descubrir también nuestras debilidades  y haber asumido hace tiempo el riesgo a hacer un ridículo que no es tal…

Te han dicho toda la tu vida que obedezcas y ahora resulta que debes convertirte en un líder, justo lo contrario, una persona que toma sus propias decisiones y asume riesgos. Alguien que decide a veces que lleva la contraria ¡y eso no sólo parece que le funciona, sino que además seduce a los que se encuentra por el camino!

¿Cómo son las personas que seducen a los demás?

No se trata de imponer, ni siquiera de convencer de nada. El que está seguro de lo que cree, no necesita ir por ahí evangelizando a nadie, ni dando sermones sobre nada.

Se trata de saber estar. De sentirse cómodo con  uno mismo y soltarse.

Una persona carismática es una persona que influye positivamente en otras personas, que lidera su propia vida y toma las decisiones que le llevan a dónde desea llegar, una persona que sabe qué quiere y saca enseñanza de sus fracasos…

Una persona que deja huella, pero que no va por ahí pensando en dejarla, porque sencillamente es como es.

Y no se trata sólo de serlo, se trata de mostrarlo en cada detalle, en un ejercicio de coherencia y autenticidad que sirve de ejemplo a otros, pero sin necesitar ser ejemplo de nada para nadie.

El carisma no  es chulería, ni soberbia. La persona que carismática no mira nunca por encima del hombro, al contrario, es humilde y cercana… Aunque seamos sinceros, tiene algo que hace que a pesar de ser como nosotros, nos hace sentir que va por delante. Sin embargo, eso no nos intimida (no debería) sino que nos estimula y motiva. Ves a esa persona por encima de ti, pero porque sea mejor que tú, sino porque notas que ha trabajado más para ello, porque se conoce más y ha tomado decisiones que le han llevado a donde está. Una persona carismática es alguien como tú que ha llegado a donde sueña y eso hace que tú también te sientas capaz.

Las personas carismáticas hacen que sepas que tus sueños son alcanzables si les pones ganas y actitud.  

Tienen esa mirada de calma, de no perder su saber estar (a veces, seguramente, también se enfadan, sólo faltaría porque son humanos). Te das cuenta de que miman los detalles y tienen en cuenta lo pequeño, porque también es importante…

Se rodean de personas inteligentes y preparadas.

Saben moverse y gestionar su lenguaje corporal. Usan gestos cercanos y abiertos, muestran seguridad y confianza sin parecer altaneros ni agresivos. Se comunican de forma efectiva y saben usar las palabras adecuadas. No se defienden, ni usan la fuerza, no necesitan demostrar ni aparentar porque ya son lo que son.

Saben callar, porque saben que el silencio a veces es la clave del efecto en una comunicación. Porque está lleno de significado, lleva mil mensajes y ayuda a respirar y sentir lo que estamos diciendo, permite calibrar el estado de ánimo del otro y conectar. Se trata de personas empáticas que saben escuchar y ponerse en piel ajena.

Notas cómo te escuchan y valoran. Ves cómo te miran a los ojos de forma firme y asumen responsabilidades. Sabes que dan la cara y asumen los riesgos necesarios para conseguir lo que quieren.

Fluyen… Esto de fluir es difícil de explicar y definir. Es una mezcla entre estar preparado y a la vez dejarse llevar. Preparar a conciencia el discurso y tenerlo claro, pero luego no leerlo porque sabes quién eres y qué deseas comunicar.

Estar atento y vivir el momento, pero tener un as en la manga por si sopla un viento muy fuerte y se lleva el decorado.

A los carismáticos les pillan siempre con los deberes hechos, pero sin ostentar por ello, no les hace falta porque queda claro que ocupan su lugar.

Son ese tipo de personas que lo hacen todo fácil.

No venden humo, ni siquiera venden… Son, transmiten, están donde deben estar y dónde hacen falta. Son coherencia pura, dignidad pura, calma pura.

Transmiten una complicada y maravillosa mezcla de tranquilidad y energía, al mismo, tiempo…

Lo que más entusiasma de una persona carismática no es sólo lo que es,  sino lo que contagia… Al tenerla cerca te dan ganas de ser tú mismo… No para copiarla sino para descubrirte, para encontrarte, para vivir esa vida que te das cuenta de que mereces y has ido postergando sin sentido por no dar el salto y confiar. Para encontrar en ti esa persona que también seduce y es auténtica… Sin duda, el gran logro de una persona carismática es hacerte sentir  que tú también lo puedes conseguir…

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