¿Qué dicen tus ojos?


¿Te conoces? ¿Te aguantas la mirada? ¿Huyes de otros ojos o eres capaz de clavarte en ellos y hablar sin decir palabra?

Comunicamos con nuestros ojos… No hay nada que nos pase que no se refleje en nuestra forma de mirar…

Sólo con una mirada transmitimos miedo, asco, amor, cansancio, angustia, sorpresa, felicidad… Cuando nos enamoramos los ojos nos brillan y las pupilas se dilatan al estar cerca de la persona a la que amamos…

La sonrisa no se considera sonrisa si no se refleja en los ojos, porque altera la musculatura que los rodea, porque no sonreímos con la boca sino con el alma y no hay mejor testimonio de lo que se nos remueve dentro que nuestra mirada.

Nuestros ojos sellan pactos silenciosos.

Suben los peldaños que nos separan de nuestros sueños antes incluso de que seamos conscientes de ellos.

Asienten  cuando buscamos acuerdo… Cuando esperamos se pierden en los pequeños detalles buscando respuestas. Transmiten ansiedad y desesperanza cuando quienes nos sentimos perdidos somos nosotros.

Dicen “tengo miedo, estoy harto, miento, no sé si sirvo para algo, no confío en mí, no soy nada”.

Los niños cuando inventan historias miran al cielo, como si buscaran inspiración para continuar con su relato falso y fantástico. Los mayores cuando mienten esquivan la mirada porque no soportan el escrutinio de otros ojos posados en los suyos…

No hay verdad que escape a nuestros ojos.

Si dejamos caer la mirada, nos insinuamos. Si pasamos las pupilas haciendo un barrido sobre otra persona, le estamos diciendo “me gustas”.

Si miramos sin miedo y de frente, transmitimos seguridad, sinceridad, honestidad… Una mirada limpia es la mejor de las tarjetas de presentación para que los demás sepan qué aportamos al mundo y la actitud que tenemos en la vida.

Si bajamos la vista, perdemos nuestro poder. Si la levantamos por encima del hombro, nos imponemos por la fuerza. Y aunque parezca distinto, ambas formas significan vulnerabilidad, miedo, baja autoestima…

Si miramos fijamente intimidamos… Si cerramos levemente  los ojos lanzamos una mirada intensa que transmite fuerza, poder, belleza.

Nuestros ojos bailan, juegan, caminan por la espalda de otros y se posan en la nuca… Susurran medias verdades, se acurrucan en el cuello y siguen la danza de las manos para saber qué nos cuentan. Se posan en los labios que desean, serpentean por las cabezas ajenas y se cierran para no ver lo que no les gusta… Lloran de alegría y de pena… Se abren hasta casi estallar para poder comprender… Se inclinan para sugerir, se inundan de luz al soñar, al imaginar, al amar… Dan vueltas cuando fantasean y se inundan de un velo gris cuando perdemos la esperanza…

Nuestros ojos no sólo sonríen, también escuchan, discriminan, humillan, desprecian y torturan… A veces, miramos sin mirar y fijamos las pupilas hacia un punto cuando otros nos hablan para que otros sepan que no nos interesan… Otras veces, perdemos la mirada en el suelo y la vamos salpicando en todo lo que encontramos porque nos sentimos tristes, pequeños, cansados, vendidos…

Las miradas matan y dan la vida…

Dicen todo lo que nos esforzamos por callar y tragar…

Dicen quiénes somos y qué buscamos, qué sentimos, qué soñamos…  Hablan de cómo vivimos y qué nos mueve cada día.

Nuestros ojos dicen cuántos años tenemos, diga lo que diga nuestra piel…

Nuestros ojos dicen lo que amamos, diga lo que diga nuestra boca… Dicen lo que detestamos y lo que nos asusta.

Nuestros ojos dicen si mentimos, si desertamos, si estamos vencidos o preparados…

Nuestros ojos hablan de la vida que queremos y de la vida que llevamos. Explican si somos amigos y cómplices o si apuñalamos por la espalda…

Nuestros ojos dicen qué nos conmueve, qué nos preocupa, qué nos calma, qué nos apasiona.

Dicen si estás ahí de verdad o si finges, si eres de ley o de pacotilla… Si vendes humo o si pones el alma en lo que haces.

Por eso es importante conocer qué dicen nuestros ojos y saber con qué gestos los acompañamos. Saber qué comunicamos al movernos y qué cuenta de nosotros nuestro cuerpo cuando hablamos…

Nos conocemos tan poco en este sentido, porque huimos de los espejos y nos creemos que basta con cuatro palabras que suenan bien aunque no les demos contenido para seducir… Sin embargo, cuando nos encontramos con los demás, nuestros ojos no se detienen un momento, descifrando cada gesto, cada mueca, cada movimiento… Reclamamos a veces en otros una sinceridad que nosotros no somos capaces de dar ni afrontar.

Juzgamos por una mirada, por un gesto perdido, por un paso en falso. Tenemos un gran instrumento de poder para comunicar y dejamos que seas el azar y la ignorancia quienes puedan usarlo…

No subestimes el poder de tu mirada y aprende a darle todo el sentido y conocer qué dice de ti… Tus ojos hablan. 

¿Qué dicen los tuyos?

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