Comunicación e inteligencia emocional


Comunicar es saber gestionar emociones. Las tuyas y las de las personas a quién te diriges.

No concibo la comunicación sin usar los recursos de nuestra inteligencia emocional. Sin que en el acto de establecer contacto con otras personas cuenten los sentimientos y las capacidades adquiridas de gestionar nuestras emociones y aprender de ellas.

Cuánto más evolucionamos, mejor comunicamos.

Un buen comunicador es esa persona que se conoce a sí mismo y es capaz de aportar algo diferente cada vez que se dirige a los demás. El que añade un plus que otros no añaden porque no teme mostrarse y desnudarse un poco ante los demás.

La comunicación es un acto de desnudez absoluta. Desnudez de verdad, de todo lo que está bajo la piel y forma parte de tu esencia. Mostrar tus valores, tus creencias… Dejar que otros sepan que tienes miedo y que te equivocas y que no pasa nada porque eso forma parte de tu evolución.

No buscamos comunicadores perfectos, buscamos seres humanos que nos tiendan la mano con sus palabras y nos animen a seguir.

Un buen comunicador motiva y entusiasma a su público para que salga de la sala hambriento de saber más, para que se compre un libro sobre el tema y asista a otra charla, a otro curso, para que investigue más sobre él mismo y sobre el mundo que acaba de conocer.

Un buen comunicador es el que te hace creer que tú también puedes.

Los datos están en los libros. Las personas escuchan a las personas porque buscan complicidad, emoción, porque quieren conocer historias jamás contadas y aprender algo más.

Comunicar es escuchar. El que sabe escuchar tiene ventaja. Es algo que se nota, se transpira, se palpa y hace que los demás se sientan cómodos y valorados… Si escuchas a alguien le estás diciendo que te importa.  Si las personas se sienten importantes para ti, te conviertes en alguien importante para ellos… Eso es vital para compartir experiencias y crecer, para aprender de los demás,  y abre puertas a todos los niveles… Con los amigos, con los compañeros, con el equipo de personas que depende de ti, con el reclutador que está entrevistándote para acceder a un puesto de trabajo que quieres ocupar. Sea de lo que sea… En todos los trabajos se comunica y es lo que marca la diferencia, lo que supone ir a una y ser eficaces… Lo que lleva a la excelencia…

Nada comunica tanto como ser capaz de entender a los demás y hacer que sientan cercanía. La empatía es una arma poderosa que se ejercita escuchando. Parece fácil pero muchas personas no saben escuchar.  Se limitan a esperar turno para hablar (si no interrumpen antes) y mientras el otro habla están pensando qué dirán, cómo tomarán el protagonismo de la conversación y destacarán por encima de los demás… Lo hemos hecho todos alguna vez, el problema surge cuando lo hacemos siempre… Y lo hacemos porque necesitamos demostrar a los demás que valemos, que somos geniales… Destacar por algo, por logros o como hacen algunos por penalidades…

¿Cuántas veces te ha contado alguien que le acaba de pasar algo terrible y te has limitado a esperar a que callara para hablar de ti? Le has contado tus problemas, la última vez que te pasó algo parecido, tu parto, la operación de corazón de tu padre o lo mal que te tratan en el trabajo a pesar de lo bueno que eres tú…

La respuesta no era esa…  La respuesta era “lo siento, estoy aquí para lo que necesites”. Y nada de mirarle mientras habla con ojos de “ ¿Y a mí cuándo me toca que necesito demostrarte que mi  vida también es un asco?”.

Comunicar es respetar y respetarte. Ceder y soltar. Aceptar que hay un tiempo para hablar y otro para recibir las palabras de otros. Aprender a esperar.

Tenemos que aprender a escuchar. Con la mirada. Con el gesto. Con las manos. Con el corazón… Sabemos poco de cómo habla nuestro cuerpo y lo usamos mal… Vale la pena aprender cómo funcionamos para convertirnos en nuestros aliados… Es un trabajo en uno mismo que nos permite ahondar en nosotros para conocernos y reconocer a los demás. Cuando modificamos nuestro lenguaje corporal, también incidimos en nuestro estado de ánimo y en la forma en que nos ven los demás. Si descubrimos cómo nos movemos y qué comunican nuestros gestos, eso nos da poder sobre nuestra vida y nos ayuda a entender a los demás.

Aprender a comunicar es una buena manera de aprender a conocerse y descubrir cómo conectar con las personas que nos rodean… Dando algo de ti mismo sin que el protagonista seas siempre tú.

Me lo preguntaron hace poco, qué tiene un gran comunicador de especial, un líder, una persona carismática… Un líder es alguien que hace protagonistas a los demás. Se conoce tanto, se acepta tanto que no necesita demostrar, porque ya es lo que muestra.

Gestiona sus emociones, se toma su tiempo, escucha, sabe calmar con la mirada, sabe ser cercano sin imponerse…  Alguien que sabe quién es y qué quiere y sabe que no lo conseguirá mintiendo ni imponiéndose sino escuchando y compartiendo.

Comunicar es compartir, compartirse a uno mismo sin ser el foco de la atención. Con toda la humildad que eso requiere y toda la grandeza que eso conlleva.

Comunicar es usar las palabras adecuadas para transmitir emociones e ideas. Para contagiar ilusión y abrir puertas.

Para llegar a comunicar es imprescindible confiar en uno mismo. Saber qué dices y  amar tu mensaje. Sentir que vibras con lo que cuentas y que las personas que te escuchan y miran también vibran.

Ser útil y compartir valor.

Ser fácil de entender,  porque lo bueno es siempre sencillo, cercano, amable.

Comunicar es servir de ejemplo, de guía, de camino.

Comunicar es acompañar y hacer participar a los demás. Construir puentes con tus palabras, fabricar alternativas, dibujar nuevas oportunidades…

 

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